Yo soy un sofá muy rico/ Responde Camila Vera a Alejandra Azcárate

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A medida que más leía más me indignaba. Yo, que todo el día me burlo de los indignados de Twitter, no podía creer que AlóMujeres publicara una columna donde las mujeres gordas eran llamadas “sapos desparramados”. ¿Desde cuándo todo el mundo tiene que ser igual? ¿Que siempre que una gorda se acostaba era por un milagrito que le hacían? ¿Que eran sofás?

Yo soy gorda y, Alejandra, es un milagro acostarse conmigo. Lo doy porque quiero y no porque sienta que es mi única posibilidad de ver empelota a un man. Me mido la ropa que me dé la gana, en dónde me dé la gana, porque para eso existen las tallas. Existe la diferencia.

Me preocupo por lo que como porque la obesidad, al igual que la anorexia y la bulimia, son enfermedades. A veces sí desayuno con chicharrón, no voy a decir mentiras, y quedó feliz todo el día.

Yo conozco la verdadera caballerosidad porque le gusto a los hombres con los que salgo, no porque me vean como un dinosaurio. Me saludan de pico, las gordas no mordemos y, la verdad, en todas partes quepo. Hasta en mi carro. También me morbosean: en la calle, por Twitter, en un parque. El problema, en realidad, no es ser gorda. El problema es solo aceptar un tipo de persona, creer que solo se puede ser bonita de una manera.

Me tiene sin cuidado que me tengan o no envidia. ¿Para qué? Hace rato aprendí que para ser feliz no puedo pensar en lo que dice la otra gente, lo que hace la otra gente. Tengo amigas leales por lo que soy, no porque mi gordura aumente su seguridad. Me han puesto cachos. Me han dicho mentiras. He puesto los cachos –sí, las gordas también podemos- y he dicho mentiras.

De lo único que debo estar pendiente es de sentirme bien conmigo. De estar bien. De no tener problemas de salud. De no ser bruta. Esa es lo única realidad que tengo. Darse cuenta que de cualquier forma, así sea la de sapo desparramado, se puede ser bonita. Se es mujer.

La lucha no es con mi cuerpo, la lucha es con la gente que piensa como Alejandra Azcárate. Que cree que ser gordo es un delito. Que las tallas grandes son un maldición. Que la única felicidad posible es la de las flacas.

La verdadera ventaja de la gordura es no tener ese montón de creencias estúpidas. Es saber que uno puede ser feliz como sea porque está cómodo con uno. Que uno es bonito. Que ser gordo es solo un característica más. Que hoy me mandaron un mensaje que dice que soy un sofá muy rico.

@MCamilaVera

Las opiniones expresadas en la Revista ALO y ALOmujeres pertenecen exclusivamente a los autores. Este es un espacio de opinión para blogueros y columnistas.

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