La tecnología, al alcance de nuestras manos y vidas. – Alejandra Azcárate.

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Yo no uso Facebook, pero acepto que lo hice. Hace un tiempo abrí una cuenta por presión social ya que me sentía como una absoluta desadaptada sin tenerla en un medio de personas entre las cuales ya se había convertido en tema obligatorio. Al principio fue interesante. Disfruté reencontrándome con personas que no veía hacía años, gocé leyendo los estados escritos por otros, critiqué paseos en los que no estuve, me enteré de cosas que hubiera preferido ignorar y vi más fotos que una mamá después de la primera comunión de la hija. Lentamente me fue aburriendo y perdió su magia. Empezaron a llegarme centenares de solicitudes de ‘amistad’ que gustosa acepté. Es maravilloso sentir el cariño de la gente, incluso a través de una simple petición de aprobación. Así lo veía yo. Le di el sí a todo el mundo y de manera ingenua me convertí en la víctima de mi propio invento. No fui selectiva y la historia cibernética se convirtió en desastre. Varias de esas personas se transformaron en clones suplantando mi identidad hasta el punto de tomarse el atrevimiento de responder a mi nombre los mensajes que con ilusión enviaban otros tantos desconocidos. Un día vi en una de esas cuentas falsas fotos del interior de mi casa y ahí confieso que huí con pánico. Sentí vulnerada mi intimidad, con un sabor desagradable concluí ese capítulo y hasta ahí llegó mi interés por las redes sociales.

Para ese entonces ya Twitter había hecho su aparición. Recaí. Abrí de nuevo una cuenta y con cierto recelo empecé a descubrir un mundo diferente. A través del tiempo me he dado cuenta de que es fascinante. En segundos la gente se expresa sin el menor tapujo y eso me encanta. Me seduce esa delgada línea entre lo permitido y lo prohibido. No hay límites ni existe censura. Cada quien es como es y asume las consecuencias de sus palabras ante unos jueces anónimos. Punto. Eso es lo más maravilloso y peligroso a la vez que tiene esa red: la libertad. Es un termómetro instantáneo, un fabuloso medio de comunicación inmediata que promueve la autenticidad y ofrece datos puntuales de información, expone comentarios cargados de brillante acidez o incluso el pensamiento más profundo de algún desconocido que invita a la reflexión.

Dependiendo de quien se siga, la gente se amarga, se desahoga o se divierte. Para mí ha sido una excelente herramienta a la hora de difundir mi trabajo, expresar mis ideas, protestar, apoyar, liberar mis emociones y hasta exorcizar mis demonios. Sin repetir los errores cometidos, he procurado manejar el tema de manera correcta sin caer en la obsesión y ha sido maravilloso. Antes, debido a mi anterior trago amargo, prefería no seguir a gente de manera evidente evitando riesgos y conservando al máximo el hermetismo de mi cuenta. Ahora, casi dos años después, con tranquilidad leo a muchos en silencio, sigo a pocos de manera pública, contesto por mensaje directo y valoro los cientos de miles de personas, en su mayoría respetuosas, que con el tiempo han decidido seguirme de manera espontánea, convirtiéndose de forma extraña en una compañía diaria.

Lo que sí no he hecho es buscar pareja por Internet y respeto a quienes se lanzan. Para muchos es un acto patético impulsado por la desesperación y la extrema soledad. Yo, por el contrario, pienso que en el lugar menos esperado puede estar el hombre que tanto hemos anhelado. No veo por qué debido a prejuicios sociales uno debe cerrarse ante esa posibilidad. En el amor nada está determinado. Aunque muchos defiendan la teoría de que la cercanía es necesaria para alimentar la relación, hay otros que por el contrario a través de la lejanía se nutren. Además, locos hay en todas partes, así que el riesgo de encontrarse alguno es evidente con o sin computador de por medio. A la hora de la verdad, si el personaje resulta un demente es posible eliminarlo oprimiendo ‘delete’ sin tener que soportar en vivo, frente a la puerta de la casa, alguno de sus shows de camisa de fuerza.

No pierdan oportunidades. Existe la ‘tecnoquímica’. Recuerden que aunque el de al lado tenga muchas referencias, en el momento menos esperado también puede resultarnos un http.

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